Cuando nos desencontramos

Para Ana María, que me lo pidió. Y por supuesto, para una Alicia real

Ya nos acercábamos a nuestra parada de siempre. Atrás iban quedando el taller, el solar vacío, la tienda de muebles, el tanatorio… Hice un gesto a mi hermana, que parecía haberse quedado aletargada en su asiento mientras trazaba dibujitos distraídamente con un dedo sobre la ventana (siempre ha preferido sentarse junto a la ventana), y cogiendo del porno gratis la mochila de un tirante me levanté. Cualquiera de las dos puertas del autobús quedaba a la misma distancia del lugar donde nos encontrábamos, así que yo me dirigí a la trasera por estar el pasillo más despejado. Bajé las escalerillas y cuando me volví para comentar algo con mi hermana me encontré con que ésta no estaba detrás de mí. De hecho, no estaba conmigo y la puerta del autobús ya se había cerrado. Extrañeza, preocupación: ¿se habría quedado en el autobús? ¿No se habría dado cuenta de que teníamos ya que bajarnos? Miré hacia las rubias19, que ya partía, y unos metros más arriba de donde yo me encontraba la ví, mirando también al vehículo con aire de desconcierto. La llamé con un grito y cuando se volvió hacia mí pude ver una expresión de alivio en su cara. Creo que aquella fue la primera vez que nos desencontramos.

 

Cuentos de comedor

Cena rutinaria

Estamos cenando. La cena transcurre normalmente, entre el tintineo de los cubiertos al golpear los platos, el informativo en televisión, algún comentario ocasional (del tipo “pásame el pan” y poco más). Cuando mi hermana se dispone a beber agua, sin apartar la vista del televisor, su mano, en lugar de aferrar el vaso de agua, lo empuja, quedando libre el líquido que en pocos instantes se esparce por el mantel. Todos volvemos los ojos hacia este charco creciente. “Mirad, es un perro” comenta la pequeña. “No, es un pez” le rebato yo. “Es una chica con coleta, como tú” dice mi madre. Mi padre tiene la vista clavada en el ya estanque como esperando que se le revelara alguna imagen. “No veo nada de porno” comenta finalmente, y seguimos cenando.
La nube en el comedor

Una familia sentada alrededor de una mesa a la hora del almuerzo. No hablan, se limitan a saborear los exquisitos filetes que reposan en sus platos. Por encima de sus cabezas empieza a formarse una nubecita a la que ellos al principio no dan importancia, concentrados como están en cada sabrosa tajada de carne que se llevan a la boca. La nube se confía al ver que nadie le presta atención y supone que puede actuar a sus anchas, por lo que sigue creciendo y creciendo, sorbiendo la deliciosa humedad del ambiente que tan gustosamente la va engordando, hasta que llega un momento en que no puede aguantar su propio peso y decide descargarse. Primero una gotita, luego dos, y como nadie se da cuenta en pocos minutos se produce un gran chaparrón que obliga a los incautos comensales a abandonar el comedor con cara de extrañeza y sin comprender lo que ha sucedido. Cuando regresan ya no queda rastro de la nube, que se ha deshecho por completo dejando inundada la habitación, pero tras una concienzuda sesión de limpieza lo único que lamenta la familia es que esta lluvia repentina haya hecho florecer los muebles.

Pensamiento acerca de Casarse, una idea cercana a la realidad.

La intimidad emocional es mucho más difícil que la intimidad física. Creo que la meta de mucha gente es mantener la relación prácticamente sin conocerse. Linda y Cole quisieron conocerse y darse a conocer. Este es el mensaje que trata de transmitir la película: el matrimonio como sentimiento más profundo y poderoso (Lo dice Ashley Judd en Vogue sobre Cole Porter y su esposa Linda, a quien ella interpreta en la película De-Lovely).

Estoy convencida de que los videos porno como sentimiento profundo y poderoso, como plena intimidad emocional, sólo es posible una vez alcanzada la madurez. En los tiempos que corren, ¿qué garantía de estabilidad ofrece el renunciar para siempre, con sólo 30 años, a vivir de nuevo el deslumbramiento del amor que comienza? ¿no querremos deslumbrarnos de nuevo a los 36? ¿y a los 40? La tibieza del amor estable y definitivo, ¿no combinará mejor con el sosiego de la plena madurez?

A los 38 todavía puedes enamorarte y enamorar, y a los 40, ¿vas a renunciar a ello retirándote del mercado a los 30? El amor (el cariño) puede ser eterno, pero la pasión rara vez lo es, ¿y quién es capaz de renunciar a ella? Que conste que quien habla aquí es una mujer, ¡seguro que los hombres me entienden a la perfección! ¿Debe un hombre de 38 (o más), perfectamente atractivo e intelectualmente estimulante, renunciar a los videos caseros que le vuelva a hacer vibrar sólo porque a los 30 decidió adaptarse a las convenciones? Lo mismo es aplicable a la mujer, pero sigue quedando más claro si ponemos al hombre como ejemplo.

Si antes la presión era casarse a los 25, ahora lo es casarse a los 30. El error y el peligro de casarse hoy a los 30 es el mismo que el de casarse a los 25 hace medio siglo. Un adulto de 30 años de 1930 es hoy un joven de 30 años. Casarse a los 30 puede augurar divorcio a los 40, no hay más que observar lo que ocurre en los países más avanzados. Otra opción es replantearse el porno, que como institución hace aguas si atendemos a las motivaciones y las aspiraciones más comunes de quienes somos fieles a nuestros sentimientos e ilusiones.

Podemos tener hijos a los 40 sin problemas, y hasta a los 48, como Ana Rosa. Antes hay que vivir, amar, disfrutar. El amor es lo primero, está claro. Lo que ya no está tan claro es qué papel tiene hoy el matrimonio.

Un pensamiento acerca del MAR.

A menudo sueño con el mar.

Con todo el mar, no sólo con la superficie. Unas veces me sumerjo en aguas transparentes iluminadas por el sol del mediodia. Otras veces me dejo llevar flotando bajo un cielo de estrellas brillantes y nítidas como alfileres, sobre un océano inmóvil, negro y cálido. Cuando estoy arriba, sólo escucho el levísimo chapoteo de mis manos y los minúsculos pornhub chasquidos de las burbujas que estallan. Cuando me sumerjo, en cambio, mis oidos taponados sólo oyen el roce del agua al propulsarme y los latidos de mi corazón.

Los paisajes submarinos que veo en mis sueños siempre son recuerdos de mis primeras inmersiones a pulmón, siendo aún un niño, en compañía de mi padre. Por aquel entonces el agua de la Costa Blanca todavía estaba limpia y llena de vida. Cuando atravesaba la superficie con mis ojos, se mostraba ante mí un mundo inmenso de fronteras difusas. El fondo de arena, roca y algas se extendía hasta perderse en una bruma azul, una falsa niebla que huía de mí cuando la perseguía, revelando más y más de un mundo oculto y bellísimo que parecía no tener fin. Cada palmo cuadrado del suelo marino era para mí tan misterioso y excitante, tan novedoso y desconocido, que deseaba con fuerza poder respirar bajo el agua durante horas para retrasar el momento en que debería abandonar ese universo de quietud y belleza, y regresar al no menos bello pero más conocido mundo del aire y el porno.

En mis sueños, puedo respirar bajo el agua con mis propios pulmones.

En ocasiones buceo sobre un desierto abisal de arena ondulada. El fondo se va desplomando lentamente hasta llegar al talud continental, donde se pierde en una oscuridad donde quiero -pero temo- ir. Un dia encontré el pecio de un pesquero sobre ese fondo limoso. Fuí desenterrando las redes, los plomos y las bombillas, arrancando con furia los restos del culpable de aquella desolación. Llorando bajo el mar, aportando una cantidad absurdamente pequeña de agua salada a un océano indiferente. Otras veces recojo caracolas, orejas de mar, corales y delicadísimas conchas de erizo para añadirlos a mi colección.

Hace tan sólo unos dias, con una pequeña linterna en la mano, busqué a mi padre entre las tinieblas de la noche submarina. No lo encontré. Pero cuando regresé a la superficie, bajo una noche cálida del Mediterráneo, allí estaba él, esperándome, sonriendo y mostrándome el  porno mexicano pequeño pulpo que acababa de atrapar. El firmamento se reflejaba en las gotitas de agua de sus hombros y en sus cabellos mojados, y yo era otra vez un niño.

Soy de mar, y al mar -contenedor de infinitos recuerdos- me devolverán siempre mis pasos y mis sueños.