Una carta a mi hermano

Hermano, esta carta va destinada a ti y también a mamá, vosotros sois los únicos culpables de que me haya escapado de casa…Pero no os preocupéis, volveré pronto, volveré cuando mi hermano me deje ver la tele. Estoy cansado de que no me dejéis ver la tele. Por eso me he escapado. Estoy en casa de un amigo…viendo un poco de porno, sí, la tele y la veo a todas horas, me trago todos los programas y cuanto peores sean mejor. Hermano, quiero que te des cuenta de algo: a mí no me gusta leer y por mucho que me obligues no vas a conseguir que me lea ningún libro. Hermano, la tele me gusta porque cuenta historias que entiendo y veo todos los días y los libros son aburridos, son como un castigo, son una maldición. La tele tiene muchas y preciosas imágenes y los libros sólo tienen letras y letras en las que uno acaba ahogándose. Pero, sobre todo, hermano no me gusta leer porque ni tú, ni mamá ni los profes del colegio me han enseñado nunca a leer. Sólo me habéis arrojado encima libros y libros y me habéis explicado lo importantes que son y el valor que tienen y lo necesario que son para mi formación como persona. Sólo he oido de vosotros palabras sagradas para referirse a esas cosas llamadas libros, como si fueran palabras de dioses, como si fueran seres a los que hay que adorar para no sé muy bien qué. Hermano, me dices que lea pero no sé leer sólo se tragarme montones de letras con las que quieres que llene mi cabeza. Hermano, no sé leer porque tú no me has enseñado y porque tú, hermano, tampoco sabes leer. ¿Por qué, hermano, nuca te he visto emocionarte ante un libro, […]

Los que muchos Vascos quieren

Desde hace más de treinta años, el casi millar de muertos provocados por la barbarie fascista de ETA se ha asentado, entre otros muchos pilares, sobre discursos teóricos como los que en esta revista se han desgranado recientemente en el artículo “Sobre la Violencia y el Estado” que, presuntamente, es respuesta a uno anterior publicado por quien esto firma, titulado “El terror en tiempos del pensamiento débil”. En el País Vasco, llevamos demasiado tiempo desmontando argumentos absolutamente falaces y demagógicos que, curiosamente, tratan de atacar la legítima violencia que los estados democráticos están en disposición de ejercer (la que garantiza que los ciudadanos podamos ejercer nuestros derechos en libertad, la que nos defiende de las agresiones de individuos que no respetan más leyes que las suyas y la que, en definitiva, ayuda a que la convivencia en sociedades hipercomplejizadas como las nuestras se sustente con un grado alto de cohesión social), defendiendo el terrorismo, cuando no alentando directamente, las acciones criminales de un puñado de iluminados que siempre tienen una presunta bandera, una patria, un dios o una creencia, que les sirve de disculpa para segar la vida de los demás. De cualquier manera, no son las peculiares teorías desgranadas en “Sobre la Violencia y el Estado” lo que me ha llevado a responder a este escrito. Pienso que la mayor parte de los argumentos que éste contiene se deslegitiman de una manera muy sencilla: cualquiera que haya estudiado la historia del fascismo y del nazismo en la Europa de la primera mitad del siglo xxx, o incluso quien haya repasado las teorías de saldo de los neonazis alemanes actuales, sabe a la perfección que utilizan,  exacta y miméticamente, los mismos razonamientos, reflexiones y fundamentos que se nos proponen en el texto “Sobre la Violencia y el Estado”. (Véase, por […]