Cómo construir un árbol genealógico

Conocer la historia familiar es parte fundamental para tener clara nuestra identidad. Una gran idea para lograr unirnos con nuestros antepasados es con un árbol genealógico. No obstante, a algunos les parece complicado emprender este proyecto familiar. Si piensas igual o quieres hacerlo y no sabes por dónde empezar, sigue leyendo. Ya que, en este artículo de hoy, te enseñaremos a cómo construir un árbol genealógico. En busca de tus antepasados Un árbol genealógico se vuelve más interesante al incluir más nombres de familiares en él. Es fácil conseguir los nombres de familiares cercanos. Pero, a medida que crecen las ramas del árbol genealógico y la relación consanguínea se aleja, se complica el trabajo. Por eso, te aconsejamos que te tomes tu tiempo y te organizas de esta forma: Comienza escribiendo tu nombre, el de tus hermanos y el de tus padres. Sigue con los nombres de tus abuelos, el de tus tíos, tías y todos tus primos. Ahora pregunta por los nombres de tus bisabuelos, y los tíos y tías de tus padres. Aquí decides si construir el árbol genealógico hasta este punto o si incluir más generaciones en tu diagrama familiar de tamaño xxx y no es porno. Sea que continúes o no agregando más generaciones, tendrás que realizar una investigación para llenar los espacios vacíos que por tu cuenta no puedes llenar. Empieza una búsqueda concienzuda de tus antepasados al preguntarle a los más viejitos de la familia sus nombres. Un detalle sorprendente, que puede serte muy útil, es que existen en Internet herramientas que realizan la búsqueda de tus antepasados. Una cierta cantidad de información la puedes conseguir gratuita y si quieres más debes pagar. Al construir un árbol genealógico encontrarás más información de la que te imaginas. Si quieres, no solo pongas los nombres en el árbol. […]

Los que muchos Vascos quieren

Desde hace más de treinta años, el casi millar de muertos provocados por la barbarie fascista de ETA se ha asentado, entre otros muchos pilares, sobre discursos teóricos como los que en esta revista se han desgranado recientemente en el artículo “Sobre la Violencia y el Estado” que, presuntamente, es respuesta a uno anterior publicado por quien esto firma, titulado “El terror en tiempos del pensamiento débil”. En el País Vasco, llevamos demasiado tiempo desmontando argumentos absolutamente falaces y demagógicos que, curiosamente, tratan de atacar la legítima violencia que los estados democráticos están en disposición de ejercer (la que garantiza que los ciudadanos podamos ejercer nuestros derechos en libertad, la que nos defiende de las agresiones de individuos que no respetan más leyes que las suyas y la que, en definitiva, ayuda a que la convivencia en sociedades hipercomplejizadas como las nuestras se sustente con un grado alto de cohesión social), defendiendo el terrorismo, cuando no alentando directamente, las acciones criminales de un puñado de iluminados que siempre tienen una presunta bandera, una patria, un dios o una creencia, que les sirve de disculpa para segar la vida de los demás. De cualquier manera, no son las peculiares teorías desgranadas en “Sobre la Violencia y el Estado” lo que me ha llevado a responder a este escrito. Pienso que la mayor parte de los argumentos que éste contiene se deslegitiman de una manera muy sencilla: cualquiera que haya estudiado la historia del fascismo y del nazismo en la Europa de la primera mitad del siglo xxx, o incluso quien haya repasado las teorías de saldo de los neonazis alemanes actuales, sabe a la perfección que utilizan,  exacta y miméticamente, los mismos razonamientos, reflexiones y fundamentos que se nos proponen en el texto “Sobre la Violencia y el Estado”. (Véase, por […]

Un pensamiento acerca del MAR.

A menudo sueño con el mar. Con todo el mar, no sólo con la superficie. Unas veces me sumerjo en aguas transparentes iluminadas por el sol del mediodia. Otras veces me dejo llevar flotando bajo un cielo de estrellas brillantes y nítidas como alfileres, sobre un océano inmóvil, negro y cálido. Cuando estoy arriba, sólo escucho el levísimo chapoteo de mis manos y los minúsculos pornhub chasquidos de las burbujas que estallan. Cuando me sumerjo, en cambio, mis oidos taponados sólo oyen el roce del agua al propulsarme y los latidos de mi corazón. Los paisajes submarinos que veo en mis sueños siempre son recuerdos de mis primeras inmersiones a pulmón, siendo aún un niño, en compañía de mi padre. Por aquel entonces el agua de la Costa Blanca todavía estaba limpia y llena de vida. Cuando atravesaba la superficie con mis ojos, se mostraba ante mí un mundo inmenso de fronteras difusas. El fondo de arena, roca y algas se extendía hasta perderse en una bruma azul, una falsa niebla que huía de mí cuando la perseguía, revelando más y más de un mundo oculto y bellísimo que parecía no tener fin. Cada palmo cuadrado del suelo marino era para mí tan misterioso y excitante, tan novedoso y desconocido, que deseaba con fuerza poder respirar bajo el agua durante horas para retrasar el momento en que debería abandonar ese universo de quietud y belleza, y regresar al no menos bello pero más conocido mundo del aire y el porno. En mis sueños, puedo respirar bajo el agua con mis propios pulmones. En ocasiones buceo sobre un desierto abisal de arena ondulada. El fondo se va desplomando lentamente hasta llegar al talud continental, donde se pierde en una oscuridad donde quiero -pero temo- ir. Un dia encontré el pecio de […]