Cómo construir un árbol genealógico

Conocer la historia familiar es parte fundamental para tener clara nuestra identidad. Una gran idea para lograr unirnos con nuestros antepasados es con un árbol genealógico. No obstante, a algunos les parece complicado emprender este proyecto familiar. Si piensas igual o quieres hacerlo y no sabes por dónde empezar, sigue leyendo. Ya que, en este artículo de hoy, te enseñaremos a cómo construir un árbol genealógico.

En busca de tus antepasados

Un árbol genealógico se vuelve más interesante al incluir más nombres de familiares en él. Es fácil conseguir los nombres de familiares cercanos. Pero, a medida que crecen las ramas del árbol genealógico y la relación consanguínea se aleja, se complica el trabajo. Por eso, te aconsejamos que te tomes tu tiempo y te organizas de esta forma:

  • Comienza escribiendo tu nombre, el de tus hermanos y el de tus padres.
  • Sigue con los nombres de tus abuelos, el de tus tíos, tías y todos tus primos.
  • Ahora pregunta por los nombres de tus bisabuelos, y los tíos y tías de tus padres. Aquí decides si construir el árbol genealógico hasta este punto o si incluir más generaciones en tu diagrama familiar de tamaño xxx y no es porno.
  • Sea que continúes o no agregando más generaciones, tendrás que realizar una investigación para llenar los espacios vacíos que por tu cuenta no puedes llenar. Empieza una búsqueda concienzuda de tus antepasados al preguntarle a los más viejitos de la familia sus nombres.
  • Un detalle sorprendente, que puede serte muy útil, es que existen en Internet herramientas que realizan la búsqueda de tus antepasados. Una cierta cantidad de información la puedes conseguir gratuita y si quieres más debes pagar.
  • Al construir un árbol genealógico encontrarás más información de la que te imaginas. Si quieres, no solo pongas los nombres en el árbol. Agrega tantos detalles consideres pertinentes: fecha de nacimiento y, si aplica en alguno, de defunción, de matrimonio. O la ciudad en donde viven. Hasta fotos puedes poner.

Es hora de construir un árbol genealógico

Ya habiendo recopilado toda la información que necesitas para construir un árbol genealógico, es hora de comenzar a hacerlo. Con tantos nombres puede ser que no sepas dónde colocarlos. Si te pasa eso, a continuación, te diremos que hacer:

  • La base del árbol genealógico eres tú e inmediatamente el árbol ascenderá a tus padres y hermanos. La forma del árbol genealógico la decides tú. Puedes construir el típico árbol genealógico o hacer un diagrama familiar que se pueda leer de izquierda a derecha.
  • La relación entre padres e hijos se establece con una línea vertical que los una, si el árbol genealógico se lee de arriba abajo. Si el árbol se lee de izquierda a derecha, la línea que los une es horizontal. Ocurre lo contrario al establecer la relación entre casados, una línea horizontal en árboles con dirección arriba-abajo, una línea vertical en diagramas con dirección izquierda-derecha.
  • La relación entre hermanos se establece al unir los nombres de cada uno con el de los padres. No se unen los nombres entre hermanos.

Es hora de construir el árbol genealógico

Ya habiendo recopilado toda la información que necesitas para construir un árbol genealógico es hora de comenzar a hacerlo. Con tantos nombres puede ser que no sepas donde colocarlos. Si te pasa eso, a continuación, te diremos que hacer:

  • La base del árbol genealógico eres tú e inmediatamente el árbol ascenderá a tus padres y hermanos. La forma del árbol genealógico la decides tú. Puedes construir el típico árbol genealógico o hacer un diagrama familiar que se pueda leer de izquierda a derecha.
  • La relación entre padres e hijos se establece con una línea vertical que los una, si el árbol se lee de arriba abajo. Si el árbol se lee de izquierda a derecha la línea que los une es horizontal. Ocurre lo contrario al establecer la relación entre casados, una línea horizontal en árboles con dirección arriba-abajo, una línea vertical en diagramas con dirección izquierda-derecha.
  • La relación entre hermanos se establece al unir los nombres de cada uno con el de los padres. No se unen los nombres entre hermanos.
  • Los nombres de tus abuelos deben ir alineados con el de tu mamá y tu papá, a su ve contigo. Los nombres de tus tíos alineados por un lado con tus abuelos y por otro lado con tus padres. Pero en ningún momento se alinean contigo, estos nombres ya serán ramas más lejanas del árbol genealógico. Sigue este patrón hasta que se te acaben los nombres.
  • El árbol genealógico no tiene por qué quedar simétrico.

Haz arte al construir un árbol genealógico

Ya tienes casi listo tu árbol genealógico, lo que falta es decorarlo. Sea que lo hagas a mano o a computadora, dale color y forma. Incluso, puedes pedirle a un pintor que haga de tu árbol genealógico una obra de arte.

Los que muchos Vascos quieren

Desde hace más de treinta años, el casi millar de muertos provocados por la barbarie fascista de ETA se ha asentado, entre otros muchos pilares, sobre discursos teóricos como los que en esta revista se han desgranado recientemente en el artículo “Sobre la Violencia y el Estado” que, presuntamente, es respuesta a uno anterior publicado por quien esto firma, titulado “El terror en tiempos del pensamiento débil”.

En el País Vasco, llevamos demasiado tiempo desmontando argumentos absolutamente falaces y demagógicos que, curiosamente, tratan de atacar la legítima violencia que los estados democráticos están en disposición de ejercer (la que garantiza que los ciudadanos podamos ejercer nuestros derechos en libertad, la que nos defiende de las agresiones de individuos que no respetan más leyes que las suyas y la que, en definitiva, ayuda a que la convivencia en sociedades hipercomplejizadas como las nuestras se sustente con un grado alto de cohesión social), defendiendo el terrorismo, cuando no alentando directamente, las acciones criminales de un puñado de iluminados que siempre tienen una presunta bandera, una patria, un dios o una creencia, que les sirve de disculpa para segar la vida de los demás.

De cualquier manera, no son las peculiares teorías desgranadas en “Sobre la Violencia y el Estado” lo que me ha llevado a responder a este escrito. Pienso que la mayor parte de los argumentos que éste contiene se deslegitiman de una manera muy sencilla: cualquiera que haya estudiado la historia del fascismo y del nazismo en la Europa de la primera mitad del siglo xxx, o incluso quien haya repasado las teorías de saldo de los neonazis alemanes actuales, sabe a la perfección que utilizan,  exacta y miméticamente, los mismos razonamientos, reflexiones y fundamentos que se nos proponen en el texto “Sobre la Violencia y el Estado”. (Véase, por ejemplo, el magnífico ensayo “Historia del Fascismo”, del historiador norteamericano Stanley G. Payne. Editorial Planeta. 1995)

Por mi parte, solamente quisiera resaltar la evidencia de que, gracias a que el Estado que tanto parece aborrecer el autor del texto garantiza su libertad de expresión, el autor del mismo puede expresarse de la manera en que lo hace. Por el contrario, en el País Vasco son cientos de miles los ciudadanos (el 63% de la población, según una reciente encuesta de la Universidad del País Vasco), los  que no pueden, o no podemos, escribir o hablar públicamente sin temor a que nos asesinen, nos amenacen, nos insulten o nos destruyan lo poco que tenemos. El autor de “Sobre la Violencia y el Estado” tiene mucha suerte ya que, al parecer, él no tiene problemas para decir lo que le venga en gana. Otros muchos, en Euskadi, han sido asesinados, o han sufrido atentados, o han debido exiliarse, o trabajan con escolta, por escribir textos muy parecidos a “El terror en tiempos del pensamiento débil”.

Dicho todo esto, he de señalarle también al autor del texto “Sobre la Violencia y el Estado” que, en el País Vasco (del que tanto parece saber sin vivir en el mismo), no existen las minorías reprimidas. Quien esto firma es de un pequeño pueblecito del corazón de Gipuzkoa y, por lo tanto vasco, y no se siente reprimido por ninguna mayoría estatal. Curiosamente, la inmensa mayoría de otros vascos como yo (el 90% de la población) piensa lo mismo que quien esto escribe y, por ello, está contra los crímenes de ETA, contra las soflamas fascistas de los adláteres de los terroristas y contra quienes justifican a unos y a otros. En estos momentos, el único sector social perseguido en el País Vasco es el de los demócratas, el de los tolerantes, el de los pacifistas y el que se posiciona siempre a favor de las víctimas del terrorismo, y no a favor de sus verdugos. Es decir, la inmensa mayoría de la población.

Por otro lado, me gustaría recordarle al autor de “Sobre la Violencia y el Estado”, al que tanto parecen gustarle los referéndum, que tenga cuidado con esa argumentación, pues todos los dictadores que en el mundo han sido o son, desde Franco a Castro, pasando por los más actuales como Sadam Hussein o a los integristas afganos, han mostrado siempre una amplia querencia hacia este tipo de ejercicios políticos. De cualquier forma, creo que no habré de recordarle a alguien tan informado como el autor de “Sobre la Violencia y el Estado” que España entró en la OTAN en base a un referéndum y que, si lo que intenta decir es que hay que dejar opinar a los ciudadanos, le recordaré que, concretamente, en el País Vasco se han celebrado desde 1975 más de medio centenar de jornadas electorales. Éstas han dado como resultado todo tipo de Gobiernos, han mostrado una sociedad ampliamente plural y han permitido la constitución de todo tipo de instituciones forales y municipales que, siempre, se han encontrado con el mismo problema: que los fascistas etarras y sus cómplices de paisano jamás han respetado las decisiones de las urnas, como no podía ser de otra manera.

Finalmente, quisiera terminar diciendo que, cuando sea mayor, quisiera ser como el autor porno de “Sobre la Violencia y el Estado” y poder decir lo que quisiera allí donde me apeteciera, sin miedo a tener que pagar por ello con el peaje de mi libertad. Quisiera poder escribir libremente, como él, criticar al Estado (que siempre es un ente demasiado lejano) y no tener que mirar todos los días debajo del coche, no tener que observar a mis espaldas cuando paseo por las calles de la que también es mi ciudad y no tener que tomar rutinarias medidas de autoprotección que, al final, sirven para más bien poco, vista la creciente lista de asesinatos terroristas.

En fin, que, a casi todos, nos gustaría que existiera en Euskadi un poco más de Estado que nos defendiera de la barbarie criminal.

Un pensamiento acerca del MAR.

A menudo sueño con el mar.

Con todo el mar, no sólo con la superficie. Unas veces me sumerjo en aguas transparentes iluminadas por el sol del mediodia. Otras veces me dejo llevar flotando bajo un cielo de estrellas brillantes y nítidas como alfileres, sobre un océano inmóvil, negro y cálido. Cuando estoy arriba, sólo escucho el levísimo chapoteo de mis manos y los minúsculos pornhub chasquidos de las burbujas que estallan. Cuando me sumerjo, en cambio, mis oidos taponados sólo oyen el roce del agua al propulsarme y los latidos de mi corazón.

Los paisajes submarinos que veo en mis sueños siempre son recuerdos de mis primeras inmersiones a pulmón, siendo aún un niño, en compañía de mi padre. Por aquel entonces el agua de la Costa Blanca todavía estaba limpia y llena de vida. Cuando atravesaba la superficie con mis ojos, se mostraba ante mí un mundo inmenso de fronteras difusas. El fondo de arena, roca y algas se extendía hasta perderse en una bruma azul, una falsa niebla que huía de mí cuando la perseguía, revelando más y más de un mundo oculto y bellísimo que parecía no tener fin. Cada palmo cuadrado del suelo marino era para mí tan misterioso y excitante, tan novedoso y desconocido, que deseaba con fuerza poder respirar bajo el agua durante horas para retrasar el momento en que debería abandonar ese universo de quietud y belleza, y regresar al no menos bello pero más conocido mundo del aire y el porno.

En mis sueños, puedo respirar bajo el agua con mis propios pulmones.

En ocasiones buceo sobre un desierto abisal de arena ondulada. El fondo se va desplomando lentamente hasta llegar al talud continental, donde se pierde en una oscuridad donde quiero -pero temo- ir. Un dia encontré el pecio de un pesquero sobre ese fondo limoso. Fuí desenterrando las redes, los plomos y las bombillas, arrancando con furia los restos del culpable de aquella desolación. Llorando bajo el mar, aportando una cantidad absurdamente pequeña de agua salada a un océano indiferente. Otras veces recojo caracolas, orejas de mar, corales y delicadísimas conchas de erizo para añadirlos a mi colección.

Hace tan sólo unos dias, con una pequeña linterna en la mano, busqué a mi padre entre las tinieblas de la noche submarina. No lo encontré. Pero cuando regresé a la superficie, bajo una noche cálida del Mediterráneo, allí estaba él, esperándome, sonriendo y mostrándome el  porno mexicano pequeño pulpo que acababa de atrapar. El firmamento se reflejaba en las gotitas de agua de sus hombros y en sus cabellos mojados, y yo era otra vez un niño.

Soy de mar, y al mar -contenedor de infinitos recuerdos- me devolverán siempre mis pasos y mis sueños.