Un pensamiento acerca del MAR.

A menudo sueño con el mar.

Con todo el mar, no sólo con la superficie. Unas veces me sumerjo en aguas transparentes iluminadas por el sol del mediodia. Otras veces me dejo llevar flotando bajo un cielo de estrellas brillantes y nítidas como alfileres, sobre un océano inmóvil, negro y cálido. Cuando estoy arriba, sólo escucho el levísimo chapoteo de mis manos y los minúsculos pornhub chasquidos de las burbujas que estallan. Cuando me sumerjo, en cambio, mis oidos taponados sólo oyen el roce del agua al propulsarme y los latidos de mi corazón.

Los paisajes submarinos que veo en mis sueños siempre son recuerdos de mis primeras inmersiones a pulmón, siendo aún un niño, en compañía de mi padre. Por aquel entonces el agua de la Costa Blanca todavía estaba limpia y llena de vida. Cuando atravesaba la superficie con mis ojos, se mostraba ante mí un mundo inmenso de fronteras difusas. El fondo de arena, roca y algas se extendía hasta perderse en una bruma azul, una falsa niebla que huía de mí cuando la perseguía, revelando más y más de un mundo oculto y bellísimo que parecía no tener fin. Cada palmo cuadrado del suelo marino era para mí tan misterioso y excitante, tan novedoso y desconocido, que deseaba con fuerza poder respirar bajo el agua durante horas para retrasar el momento en que debería abandonar ese universo de quietud y belleza, y regresar al no menos bello pero más conocido mundo del aire y el porno.

En mis sueños, puedo respirar bajo el agua con mis propios pulmones.

En ocasiones buceo sobre un desierto abisal de arena ondulada. El fondo se va desplomando lentamente hasta llegar al talud continental, donde se pierde en una oscuridad donde quiero -pero temo- ir. Un dia encontré el pecio de un pesquero sobre ese fondo limoso. Fuí desenterrando las redes, los plomos y las bombillas, arrancando con furia los restos del culpable de aquella desolación. Llorando bajo el mar, aportando una cantidad absurdamente pequeña de agua salada a un océano indiferente. Otras veces recojo caracolas, orejas de mar, corales y delicadísimas conchas de erizo para añadirlos a mi colección.

Hace tan sólo unos dias, con una pequeña linterna en la mano, busqué a mi padre entre las tinieblas de la noche submarina. No lo encontré. Pero cuando regresé a la superficie, bajo una noche cálida del Mediterráneo, allí estaba él, esperándome, sonriendo y mostrándome el  porno mexicano pequeño pulpo que acababa de atrapar. El firmamento se reflejaba en las gotitas de agua de sus hombros y en sus cabellos mojados, y yo era otra vez un niño.

Soy de mar, y al mar -contenedor de infinitos recuerdos- me devolverán siempre mis pasos y mis sueños.